Te escribo a ti que te dijeron que no tenías leche, a ti que con los pezones destrozados decidiste que ya no más, a ti que te dijeron que tres meses eran más que suficiente, y que unas onzas de fórmula te quitarían “trabajo”, a ti que el médico te dijo que deberías dejar de amamantar porque  tenías que tomar antibiótico, te dio fiebre, te resfriaste, te asustaste o hiciste un coraje, o que por la falta de ayuda, el regreso al trabajo y el nulo apoyo del sistema laboral no te quedó mas que destetar.

Te escribo a ti que simplemente decidiste no amamantar. Tantas situaciones como madres habemos en el mundo. No hay una situación igual a la otra y cada una hicimos en el momento lo que consideramos mejor.

La razón por la que te escribo es porque sé que es probable que las mamás que promovemos la lactancia te caigamos mal con nuestra eterna perorata sobre las maravillas de la leche materna, y puede ser que tú te sientas aludida, o sientas que te estamos señalando, y me parece que estos sentimientos son normales.

La realidad es que, como tú bien sabes, el tema de la lactancia materna es delicado. Hay mucha desinformación de médicos, pediatras y de la sociedad en general. Para las mamás que quieren amamantar y tienen que salir a trabajar, es toda una lucha contra patrones a quienes no les parece que se tomen un rato para extraerse leche, y a veces deben aguantar comentarios de compañeros o que les obstaculicen en la guardería la leche materna.

Y si lograste amamantar todo mundo opina que ya deberías de quitarle la lactancia, que se va a hacer así, que se va a hacer asá. En fin, el punto es que tanto luchamos contra el mundo, que a veces una mamá que no pudo o no quiso amamantar puede sentirse señalada por quienes promueven la lactancia, pero eso es lo último que queremos… porque somos mujeres y sabemos que es una lucha dolorosa y difícil, y porque estamos convencidas de que el culpable es el sistema y la desinformación que hay sobre el tema.

La que hace que la enfermera te diga, cuando te dan a tu bebé recién nacido, que es mejor que descanses y ellas lo cuiden en el cunero, y que de todos modos “todavía no tienes leche”.

La que hace que la familia le recomiende a una mamá destetar porque pasó un susto o un coraje porque “la leche ya no sirve así”.

La que hace que las amigas te digan que “qué sacrificado”, que “qué sumisión la tuya al patriarcado”, y que te dicen que el papá debería darle biberón “para que se involucre con su hijo” y “para que descanses” (claro, con lo cansado que es acostarte a dar teta… mejor que alguien se ponga a trapear la casa y echar lavadoras y seguro así descansas más que dando fórmula).

La falta de apoyo que hace que una mamá no se tome su tiempo para extraerse leche porque “es que aquí nadie pide su hora de lactancia”, o que si exige su derecho el jefe se enoje porque “está perdiendo el tiempo”, tenga que esconderse en el baño, o hasta lleguen a tirarle a la basura la leche que se extrajo por que “qué asco eso en el refrigerador”

La que hace que el esposo le sugiera destetar porque “le roba tiempo” para él (claro, un bebé puede hacerse un sandwich sólo, el pobre esposo indefenso necesita cuidados), o la que hace que la misma mamá se convenza de que “arruinará su vida sexual” o “se le caerán los pechos” y ya no será atractiva para su esposo.

Así que por muchas de estas  razones (y hay más, esto es sólo una parte de las historias que podría contarte y creo que tú conoces de cerca otras tantas).

Esto no es contra las mujeres que no quisieron o no pudieron amamantar, no es contra nadie realmente. Es a favor de más información, a favor de más equidad para las mujeres, y que no tengamos que sufrir entre ser mamá o ejercer nuestra profesión, porque todas, demos pecho o biberón, sabemos de caras largas en el trabajo si tienes que faltar un día porque se enfermó tu bebé, y de los malabares con el tiempo y el espacio para llegar a la guardería y a una junta de trabajo impecable y serena, o a la línea de producción, donde todavía es mas estrés por que a la media hora tarde te descuentan el día.

Me enteré en un foro español cuando mi hija tenía cerca de 2 años de que había opciones de medicamentos compatibles con la lactancia, que había forma de extraer y guardar mi leche si tenía que ausentarme, y que un susto no significaba que mi leche se echó a perder.

Si no quisiste amamantar, tal vez tengas una amiga que sí lo desee y puedes apoyarla dándole la información de dónde acudir. Si no pudiste por cualquier situación, a veces con el segundo bebé la historia es distinta porque ya tenemos más información. ¡Que nos una el ser mujeres y madres! Si ves una mamá amamantando en un restaurante, no está haciendo nada indebido, sonríele y mira para otro lado. Apoyémonos entre nosotras. Siempre he dicho que si las mujeres nos diéramos cuenta del verdadero poder que tenemos muchas cosas cambiarían.

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